Las vidas de un libro

Las vidas de un libro

29 julio, 2018 0 Por Sheila Carnero

La cultura literaria en Bilbao está más viva que nunca gracias a las librerías de segunda mano

 

En España, el País Vasco es la comunidad autónoma en la que más libros se compran por habitante. De acuerdo a la Federación del Gremio de Editores, en 2017 la compra de libros por persona fue de 9’7 libros al año, un punto por encima de la media española, estudio del que se excluyen los libros de texto. Pero los libros pueden vivir más de una vida, y muchas veces su camino continúa hasta pausarse en una librería de segunda mano, a la espera de una nueva aventura. En Bilbao hay alrededor de media docena de locales destinados a la venta de libros usados, y cada uno tiene un toque especial que lo hace único.

Bilbao es una ciudad en la que hay libros al gusto de todos. La cultura se mueve entre comercios tradicionales y grandes plataformas de venta como pueden ser Casa del Libro, Fnac o El Corte Inglés y, en el negocio de los libros de segunda mano, el mercado no es muy diferente. Hay varias librerías que se encargan de vender ejemplares que han llegado a ellas a través de donaciones, a precios económicos. La librería de la Estación en Abando, La Casa de Atrás en Iturribide, La librería de Deusto… Espacios pequeños, con espíritu de comercio tradicional, en los que vagar entre libros de páginas amarillentas a precio de ganga.

Cartel en la entrada de la librería Re-Read de Bilbao.

Aunque en el negocio de los libros usados también existen las cadenas, como es el caso de la librería Re-Read de San Mamés, uno de los cuarenta establecimientos con los que cuenta esta franquicia en España. De aspecto acogedor, esta librería conforma un paraíso para los amantes de los libros. En este caso no venden obras donadas, sino que compran los libros que los clientes ya no quieren por 20 céntimos y después venden uno, dos o cinco libros por 3, 5 y 10 euros, respectivamente. La tienda de Bilbao la gestiona Natalia Pérez, quien asegura que “el mercado de libros usados es mucho más amplio de lo que parece”. En esta librería low cost solo aceptan libros en buen estado, sin pintar y editados a partir de 1990, aunque la librera reconoce que hacen excepciones con autores clásicos que saben que se van a vender.

Las librerías de segunda mano son una ventana al intercambio de cultura y Pérez explica que en Re-Read dan “la oportunidad de comprar libros en buenas condiciones,  tanto viejos como actuales, a precios muy asequibles”. La buena organización de la librería, con los libros repartidos por géneros literarios y colocados después por orden alfabético según su autor, facilita tanto el trabajo de los libreros como el de los clientes. Además, cuentan con una lista de espera para poder reservar los libros que aún no han llegado pero que, en algún momento, alguien puede dejar allí para que encuentren un nuevo hogar.

Otro de los grandes atractivos literarios en la ciudad es la librería Boulandier. Con una variedad de precios más amplia, en la que se pueden encontrar desde obras a 1 euro hasta ejemplares casi exclusivos, esta librería de segunda mano es un verdadero anticuario. Las obras que allí se encuentran datan del siglo XV en adelante, entre estanterías que desprenden olor a cuero y el característico aroma a libro viejo que recuerda a la vainilla, consecuencia de la descomposición de la lignina, un polímero orgánico que se encuentra en el papel, y enamora a los lectores más románticos. Actualmente, el libro más caro de su catálogo es Spanish Scenery, del pintor y dibujante inglés George Vivian (1798-1873), un original de 1838 que se vende por 4.000 euros. Boulandier es un reducido espacio que no solo está repleto de buenas novelas, sino cada una de ellas desprende un pedacito de historia.

 

Librería de segundas oportunidades

El colofón de las librerías de segunda mano lo pone Libu, donde el olor de la tinta y el papel se mezcla con el de la esperanza. Desde 2015 lleva abierta esta librería en el corazón de Bilbao, un lugar mágico perdido entre las callejuelas del Casco Viejo. Entre las estanterías repletas de libros que ya han vivido alguna que otra vida y sus sillones desparejados se ha luchado por la reinserción y las segundas oportunidades. En Libu el objetivo va más allá de vender libros de segunda mano, es una librería que transmite humanidad.

Interior de Libu.

La librería se abrió gracias a Zubietxe, una asociación sin ánimo de lucro que este año cumple 25 años. Se encarga de, como indican en su web, “facilitar la incorporación social de personas en situación o riesgo de exclusión social ofreciéndoles oportunidades para ello, y acompañar individualmente a cada persona en su proceso de adquisición de la condición de plena ciudadanía y de mejora de su calidad de vida”. Querían crear un proyecto que no solo los ayudase económicamente, sino que aportase algo a la sociedad.

La encargada de la librería, Gerarda Porrúa, define Libu como una “librería social”, ya que además de conseguir una nueva vida para los libros de segunda mano, tienen el mismo objetivo para las personas en riesgo de exclusión social con las que trabaja la asociación. Con este fin nació Libu: visibilizar tanto Zubietxe como a los usuarios de la misma y ayudarles en su incorporación en el mundo laboral. “Cuando empezamos a pensar en la idea creímos que la mejor forma de hacerlo era poner un comercio a pie de calle”, explica Porrúa.

Gracias esta pequeña librería se han creado dos puestos de trabajo y, según Porrúa, ha ayudado a estas personas a “tratar con la gente de tú a tú, a salir de los centros de día y tener una relación mucho más personal con gente desconocida”. Recalca el caso de su compañero Serge Yiepmou, nacido en Camerún. Tras haber llegado a España en patera, lleva casi diez años viviendo en Bilbao; Zubietxe le ha ayudado a integrarse y ahora trabaja como librero en Libu. De forma anecdótica, Porrúa cuenta que la gente se sorprende al entrar y verlo vendiendo libros “sin perder nunca la sonrisa”. “A él le ha servido y a otra gente también, para que vean normalidad en encontrarse a una persona de otro país trabajando”, añade porque, como suele suceder en los comercios pequeños, Serge ha establecido relaciones de amistad con muchas personas gracias al trato con los clientes.

Aunque la librera reconoce que empezaron el proyecto con un poco de miedo, tras más de dos años con las puertas abiertas la respuesta del público ha sido mejor de la esperada. Todavía dentro de una crisis económica y cultural, veían en la venta de libros una herramienta muy válida para su proyecto, pero no podían saber si era la correcta. Ahora, Gerarda Porrúa se enorgullece de formar parte de la familia Libu, integrada en parte por personas que no tenían ninguna relación con el libro ni con Zubietxe. “Es gente que, sin conocerse, viene a hacer talleres porque ha conocido la librería a través de alguien, se ha enamorado de ella y quiere participar”, explica. Suelen organizarse diferentes talleres, charlas, cuentacuentos, certámenes literarios… para avivar la cultura entre las paredes de Libu. Son gratuitas, impartidas por personas que se ofrecen para dichas actividades de forma altruista, porque los voluntarios son una pieza clave del funcionamiento de Libu para que el proyecto continúe adelante. De hecho, el dinero recaudado con la venta de los libros usados se destina a cubrir los gastos del local y a pagar los sueldos de los empleados; el resto es para la asociación.

“Gracias a Libu, Zubietxe también ha hecho más visible el trabajo que hace y la gente con la que trabaja”, dice Gerarda Porrúa. Los libros de segunda mano son la metáfora perfecta de las segundas oportunidades y la cultura ha servido para crear un proyecto que va mucho más allá de los beneficios económicos: Libu despierta la sensibilidad y la empatía de todo el que se adentra en la historia y la función de esta librería.