Pero, ¿leer no es un pasatiempo?

Pero, ¿leer no es un pasatiempo?

26 julio, 2018 0 Por Ellie D. Santiago

Las lecturas obligatorias son el drama común de la gran mayoría de escolares. Un mínimo de 3 novelas a las que es habitual que se sumen otras tantas, especialmente si se cursa una lengua autonómica como el euskera. Un trabajo que realizar por cada libro, cuando no un examen que puede variar desde un resumen (muy largo) de la trama hasta un test en el que casi todas las cuestiones planteadas son detalles irrelevantes de la novela.

Una persona decide qué libro quiere leer en base a criterios muy variados: porque le ha gustado la portada, porque el título le ha entrado por los ojos, porque el tema que trata le ha llamado la atención… Escoge influida por un cúmulo de gustos muy personales. ¿Son esos mismos criterios los que se tienen en cuenta al considerar que un libro debe ser de obligada lectura en un aula?

Portada actual de Finis Mundi, Premio El Barco de Vapor en 1998 y primera obra publicada de Laura Gallego

Ruth Mendoza es profesora de Lengua del colegio La Inmaculada Hijas de Jesús. Mientras que con sus alumnos de la ESO lee novelas con un propósito didáctico, como puede ser Finis Mundi (obra de la valenciana Laura Gallego), a los de bachillerato les ofrece un listado de títulos para que ellos mismos decidan sobre qué novela va a tratar el trabajo que tendrán que realizar. “Mi propósito es que definan su gustos. Tienen que aprender a escoger libros, equivocarse con algunos, decirles que no y cambiarlos por otros”, opina. 

¿Y si ese mismo criterio se aplicase también a los alumnos de menor edad? Si el objetivo final es, en teoría, que sean capaces de decidir por sí mismos qué libros leer y cuáles dejar de lado, la edad no debería suponer impedimento alguno. Al fin y al cabo, cuanto más joven es una persona, mayor capacidad de aprendizaje tiene.

Leer aporta muchos valores: desarrolla el vocabulario, la imaginación… Es la herramienta de enriquecimiento cultural y social por excelencia. Pero no hay que perder de vista que, para la práctica totalidad de lectores, constituye un hobby, una forma más de entretenerse o de evadir la rutina. A lo mejor hay demasiado empeño en que todas las personas lean. De la misma forma que hacer deporte no es una actividad que a todo el mundo le guste practicar, la lectura tampoco tendría por qué interesar a cada habitante del planeta.