Antoine Saint-Exupéry, escritor y aviador francés  Guardián del firmamento

Antoine Saint-Exupéry, escritor y aviador francés
Guardián del firmamento

17 febrero, 2019 0 Por Sheila Carnero

Los hermanos Saint-Exupéry, de izq. a dcha.: Marie-Madelaine, Gabrielle, François, Antoine y Simone.

El principito o Le Petit Prince (1943) es uno de los libros más vendidos y traducidos de la historia. Sin embargo, es muy poco lo que se suele saber acerca de su autor, Antoine Saint-Exupéry (1900-1944). El escritor francés fue un reconocido aviador, además de haber publicado numerosas obras como Vuelo nocturno (1931), Tierra de hombres (1939) o Piloto de guerra (1942).

La vida de Saint-Exupéry comenzó un 29 de junio en Lyon, en el seno de una familia con título aristocrático, pero sin riquezas. Su padre era vizconde y, aunque Saint-Exupéry heredó el título, nunca lo usó. Tenía tres hermanas y un hermano que falleció a los quince años; él era el tercero de los cinco hijos.

 

Infancia de castillos y arte

Saint-Exupéry pasó su infancia en un hogar de cuento de hadas. Su padre murió cuando él tenía cuatro años y su madre, enfermera durante la Primera Guerra Mundial, decidió que se mudarían con un familiar. En la Provenza francesa los esperaba un castillo rodeado de bosque que marcó la infancia del autor y resultó una gran fuente de inspiración. Ya lo aseguraba en su obra Piloto de guerra, donde se pregunta: “¿De dónde somos? Somos de nuestra niñez”. Hasta los diez años vivió entre el Castillo de la Môle, propiedad de su abuela, y el castillo de Saint-Maurice-de-Remens, de su tía.

“La tierra nos enseña más sobre nosotros mismos que todos los libros, porque ella se nos resiste”, escribió Saint-Exupéry en su obra autobiográfica Tierra de hombres. Su madre era una amante del arte e inculcó a sus hijos desde niños el amor por la música y la pintura. Además, desde pequeño mostró una gran pasión por la aviación, lo que terminó convirtiéndose en su oficio. Volar inspiraba a Saint-Exupéry, quien siempre dijo que la escritura es una consecuencia de la vida. “No hay que aprender a escribir, sino a ver”, afirmaba el aviador.

 

El aire, pasión y vocación

Con dieciocho años se preparó los exámenes para acceder a la Escuela Naval, pero no los aprobó. Por ello, estudió durante un par de años en la Escuela de Bellas Artes de París, donde se especializó en arquitectura. Esta experiencia fue corta, pues en 1921 hizo su servicio militar como aviador, que duró dos años. Aunque volaba tan a menudo como podía, durante tres años Saint-Exupéry trabajó como contable. Hasta 1926 no volvió a ejercer como aviador, su verdadera vocación.

Antoine Saint-Exupéry antes de volar.

En la biografía en español sobre el escritor, Aviones de papel, Montse Morata explica también su cercana relación con los animales. Le gustaban desde niño, cuando vivía en el castillo, y ese amor no desapareció con los años. Domesticaba animales salvajes, como el zorro le pide al pequeño príncipe en su obra más famosa. Incluso se dice que, durante su estancia en Argentina, el aviador cuidaba de una cría de foca en su bañera. Morata cuenta que el único animal que se resistió a sus intentos de domesticación fue el zorro del desierto.

 

De novelista a periodista

Además de escritor y aviador, Saint-Exupéry colaboró con algunos de los periódicos más importantes de la época. Más que por vocación, los motivos que lo llevaron a ejercer de periodista fueron económicos. La subjetividad y el factor humano caracterizaron su labor periodística durante los años treinta, década en la que actuó como reportero en la Guerra Civil española.

De la experiencia en el campo de batalla nació Piloto de guerra, un libro de memorias que narra sus vivencias como piloto de un avión de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial.

Pese a tener la oportunidad de un puesto burocrático como representante en Madrid de una compañía aérea para gestionar las relaciones entre Francia y España, lo que Saint-Exupéry quería era volar. En una carta que envió a su madre, el aviador decía: “No te puedes imaginar la calma, la soledad que uno encuentra a 4000 metros de altura”. Siempre tuvo una relación cercana con ella y mantenían el contacto por correspondencia, donde le hablaba de su vida y sus sueños.

 

Príncipe en el exilio

Edición francesa de El principito, obra ilustrada por el propio autor.

Cuando Saint-Exupéry se negó a respaldar a De Gaulle como salvador de Francia, dado que lo veía como un líder cuyo régimen derivaría en uno como el de Franco, fue exiliado. Pasó tres años en Nueva York, de 1940 a 1943, ciudad en la que escribió Le Petit Prince. Su método de escritura consistía en escribirlo todo y después pulir hasta que quedaba lo que él consideraba imprescindible. “Parece que la perfección se consigue no cuando no hay nada más que sumar, sino cuando no hay nada más que restar”, escribió en Tierra de hombres.

El francés regresó a su país natal un año antes de desaparecer. La mañana del 31 de julio de 1944 salió en lo que sería su última misión de reconocimiento. El avión desapareció sobre el mar en el sur de Francia. En 2017 se publicó en Francia un libro en el que se argumenta que fue derribado por Horst Rippert, en aquella época aviador alemán y, más tarde, periodista deportivo. Antes de emprender este último vuelo, Saint-Exupéry dejó una nota sobre su escritorio que decía: “Si soy derribado no lo lamentaré. La termitera futura me espanta y odio su virtud de robots. Yo estaba hecho para ser jardinero”.