Victoria Álvarez, historiadora del arte y autora española   «Cuando escribes, tienes que plasmar aquello que a ti misma te gustaría leer»

Victoria Álvarez, historiadora del arte y autora española
«Cuando escribes, tienes que plasmar aquello que a ti misma te gustaría leer»

4 septiembre, 2018 0 Por Ellie D. Santiago

Victoria Álvarez (Salamanca, 1985) compagina su labor como docente en la Universidad de Salamanca con el amor por la escritura, y su pluma se caracteriza por una ambientación tan rica en detalles que casi puede sentirse en carne propia. A finales de 2017 dio el salto a la literatura juvenil con La ciudad de las sombras, primera parte de la trilogía de Helena Lennox cuya continuación, titulada El príncipe de los prodigios, saldrá el próximo mes de noviembre. El pasado mes de abril presentó Silverville, un western con un hilo argumental que gira en torno a la venganza.

Una de las características que más valoran los lectores respecto a sus novelas es la ambientación. ¿Considera ese aspecto su sello personal como autora?
Diría que sí, dado que en las reseñas es lo que más destacan de ellas. El tema de la ambientación me encanta, y disfruto mucho las novelas ubicadas en épocas pasadas o en mundos de fantasía. Es una forma maravillosa de viajar a lugares distintos, diferentes a lo que conocemos. Lo que hago es reproducir aquello que más me gusta encontrar en los libros cuando leo, porque siempre he sido de la opinión de que, cuando escribes, tienes que plasmar aquello que a ti misma te gustaría leer.

En una entrevista pasada comentó que, cuando creó el personaje de Lionel Lennox, al principio lo odiaba pero que finalmente la enamoró. ¿Alguna vez le ha ocurrido el caso contrario?
Con Oliver Saunders, de Dreaming Spires. Me gustaba muchísimo en sus inicios, porque me daba mucho juego como personaje tanto en Tu nombre después de la lluvia como en Contra la fuerza del viento. Pero, debido a los acontecimientos de este último, en El sabor de tus heridas hubo mucha más distancia. Fue curioso: al principio Lionel me caía fatal pero, a medida que mi empatía hacia él crecía, la que sentía hacia Oliver menguaba. Los personajes que más se me asemejan acaban cayéndome mal, por algún motivo que desconozco. Y, de todos los personajes que he creado a lo largo de mi vida, creo que Oliver es el que más se parece a mí: hay ciertas cosas en su forma de pensar en las que somos idénticos. Pero no le odio ni me cae mal; al contrario, le quiero muchísimo, y esa distancia para con él me dio mucha pena.

Portada de El príncipe de los prodigios, que se publicará en noviembre bajo el sello de la editorial Nocturna

¿Siempre ha viajado a los escenarios en los que ambienta sus novelas con la idea ya en mente, o alguna vez le ha asaltado la inspiración durante un viaje?
Normalmente me sucede lo segundo. Desde que era pequeña he viajado con mis padres, y ahora también viajo con mis amigos, con mi pareja… Viajar me encanta. Cuando voy a algún sitio me empapo mucho de su cultura y si descubro algún elemento histórico o algo que me llame la atención se me queda en la cabeza la idea de escribir sobre ello, aunque no suelo hacerlo ipso facto. La segunda parte de la trilogía de Helena Lennox, El príncipe de los prodigios, surgió en 2010, pero no la he escrito hasta hace relativamente poco, entre 2017 y 2018. Me gusta conocer en persona los lugares en los que ambiento mis historias, aunque aún no he podido ir a todos. Por ejemplo, todavía no he viajado a la India, que es el escenario principal de La ciudad de las sombras.

¿Cómo de difícil ha sido ponerse en la piel de los habitantes del pueblo de Silverville, con personajes como el reverendo o las damas del Comité de Decencia?
En Silverville hablo de temas universales y atemporales que, al transcurrir la novela en una aldea pequeña ambientada en el siglo XIX, muy rancia y chapada a la antigua, se hacen mucho más tangibles. Algo que quise destacar, y que creo que conseguí, es el tema de la doble moral, tanto en hombres como en mujeres. El Comité de Decencia es un grupo de supuestas señoras de bien, encargadas de velar por la moral del pueblo y cuyas enemigas naturales son las prostitutas. Pero, cuando conoces a estas últimas, te das cuenta de que en realidad ellas tienen mejor corazón, son más desprendidas y generosas.

¿Utilizó alguna referencia real para dar forma al Comité de Decencia de Silverville?
Me inspiré de una fotografía tomada en un pueblo de la costa Este en el siglo XIX. En ella aparecía un grupo de señoras muy parecidas a las que describo en la novela: cabello recogido hacia atrás, cuello altísimo, y una pancarta que decía: Los labios que prueben el alcohol no probarán los nuestros. La fotografía se tomó durante una campaña contra el alcoholismo, algo que también se menciona en la novela.

Las protagonistas de Silverville, Grace (@Laura_B_Holmes, derecha) y Ruby (@TheTooCleverFox, izquierda)

En cuanto a las protagonistas de Silverville, ¿por qué cree que Grace gusta más que Ruby, pese a que esta última evoluciona mucho más como personaje?
Grace es rebelde, y gusta mucho ver a una mujer de rompe y rasga. Ruby también lo es en realidad, pero de forma menos espectacular. Grace llega al pueblo y lo revoluciona todo a lo grande, mientras que Ruby revoluciona su propia vida, y cambia hasta el punto de hacer cosas que jamás se habría imaginado a sí misma haciendo. Ambas son mujeres fuertes a su manera, y en el fondo se parecen mucho pese a que sus comportamientos sean distintos. Bajo mi punto de vista, Grace ataca y Ruby defiende: es decir, cuando Ruby actúa y algunas de las cosas que hace son muy crueles, ella misma lo pasa fatal al ser consciente de ello — siempre es porque Grace ha movido ficha antes. Todo lo que Ruby hace, por malo que sea, es para defender a los suyos, no por ambición ni por venganza, como es el caso de Grace. Pero lo que más le entra por los ojos al lector es el arrojo de quien hace el primer movimiento y ataca.

La costa de alabastro, próxima publicación de Victoria Álvarez, estará en librerías a partir del 13 de septiembre

Muchos lectores han pedido una segunda parte de Silverville. ¿Ha considerado escribir en un futuro una novela ambientada en el mismo universo, aunque no aparezcan los mismos personajes?
Me gustaría escribir algún otro western, porque lo pasé muy bien y, al conocer sus elementos un poco más, me sentiría bastante segura. De todas formas, todas las novelas que he escrito hasta el momento se desarrollan sobre la misma época, y hay conexiones entre ellas. Por ejemplo: en Silverville se señala que las dos grandes familias del pueblo, los Mallory y los Sullivan, proceden de Irlanda, así como otros habitantes que emigraron durante la crisis de la patata y la epidemia. Y también se menciona al dueño del saloon de Silverville, un hombre apellidado O’Leary que dice tener familia en Irlanda, en un castillo junto al mar en el que habita un fantasma. “O´Leary” es, por tanto, la versión inglesa americana de “O’Laoire”, que es el apellido de los personajes de Rhiannon y Ailish, de Dreaming Spires.

Gabriel García Márquez siempre trabajaba descalzo y con una flor amarilla sobre el escritorio. ¿Hay algún hábito que, como escritora, siga a rajatabla?
Reproducir siempre las mismas circunstancias ambientales ayuda a meterse en la labor de escribir. Siempre me quito anillos y pulseras y me lavo las manos antes de comenzar a trabajar, y tiendo a recogerme el pelo. Y no puedo escribir con música. Suelo recurrir a la música ambiental para pensar en escenas, montarlas… Por ejemplo, cuando estaba escribiendo La ciudad de las sombras escuchaba muchos rāgas indios, para meterme en situación. Pero para escribir como tal, no puedo. Personalmente, creo que todas las personas que escribimos estamos llenas de manías.