Doble rasero

Doble rasero

5 octubre, 2018 0 Por En Bookle

M. P. Moles

Las obras que leemos en nuestra adolescencia se nos suelen quedar marcadas en la consciencia. Con el paso del tiempo y las vivencias, los lectores (y autores) cambiamos en mayor o menor grado, pero las obras siguen ahí, imperturbables. Y hay una moda que recorre últimamente las redes sociales que trata de releer esas historias que nos encantaron en la adolescencia desde un punto de vista más maduro. Obras que nos marcaron, que significaron mucho para nosotros como lectores o que, simplemente, tuvieron un gran impacto social. Obras que se ven desde una perspectiva más adulta, crítica y analítica.

Pero como en todo, hay formas y formas de hacer las cosas.

Mucha gente se dedica simplemente a autoexaminarse, viendo cómo ha cambiado su gusto por el libro, sus reacciones ante determinadas circunstancias, personajes o dilemas y compartiendo con los demás el cambio de mentalidad que ha tenido respecto a temas como el machismo, la homofobia u otras opresiones. Incluso se puede hacer una buena crítica sobre esto y discutir si esa obra hubiese tenido la misma aceptación o impacto si hubiese salido ahora. O si se hubiese dirigido a otro público.

¿Cuántas historias de las que consumimos en nuestro pasado están totalmente exentas de personajes LGBT+? ¿En cuántas de las que sí aparecen los tratan bien? ¿Y las mujeres? Conforme crecemos somo más críticos y vemos cosas que antes no veníamos. Y, sobre todo, nos molestan aspectos que en su momento no solo no molestaron, sino que ni siquiera supimos ver. Ha sido al crecer y leer más cuando nos hemos dado cuenta.

Pero hay gente que no se queda ahí. Muchos usuarios ven como su número de seguidores engorda cuando este simple análisis de los libros (generalmente sagas) pasa a ser algo sangrante y dañino. Ya no se habla de cómo ha cambiado tu punto de vista y sobre cómo no te diste cuenta de determinado comportamiento tóxico de algún personaje que ahora criticarías pero en su momento te pareció hasta bonito, sino que se pasa a criticar, con un tono supuestamente jocoso, a los autores (generalmente autoras) de dichas obras y a aquellos que lo disfrutaron y a veces siguen haciéndolo.

Se ataca con una extraña superioridad moral a aquellas personas que disfrutaron (o siguen disfrutando) de esas obras, intentando avergonzar por el camino a quien la escribió. Y sí, esas historias tienen partes que envejecen mal, que si las ves desde un punto de vista más maduro pueden hacerte arrugar la nariz y enfadarte, pero siempre hay formas de hacer las cosas.

Así pues, no es lo mismo analizarnos a nosotros mismos o a esos libros de forma educada y crítica que terminar atacando a autores y lectores por conseguir un puñado de seguidores, atacando hechos totalmente absurdos (cualquier acción de un personaje) y dejando ver un doble rasero que dice más de la persona que está “analizando la obra” que de otra cosa.