Batalla cultural

Batalla cultural

9 noviembre, 2018 0 Por Sheila Carnero

¿Qué pensaríais de un coleccionista que entra en una galería de arte a preguntarle al artista dónde conseguir una imitación de su cuadro? Todos nos llevaríamos las manos a la cabeza. Sin embargo, esto sucede todos los días con los escritores y sus novelas en un mundo en el que parece que la piratería nunca tendrá fin.

En España la cultura está infravalorada. Se piratean el cine, la música, los libros. Podemos coincidir en que los precios de ciertos productos sean desorbitados, pero no debemos olvidar todo el trabajo que llevan detrás. Los escritores ganan, generalmente, un 8 o un 10% del precio de venta por libro vendido. Ya dijo Cernuda (1902-1963) que “escribir en España no es llorar, es morir”. Morir de hambre, porque, en la gran mayoría de los casos, publicar libros no da de comer. Son muy pocos los afortunados que pueden decir en este país que viven de escribir libros. La piratería, obviamente, no ayuda a subsanar las deficiencias del mercado editorial.

Buscar libros para descargarlos ilegalmente en internet es una de las cosas más sencillas que existen, al alcance de cualquiera con un ordenador o smartphone. Es tan sencillo como escribir el título en el buscador y en cuestión de milésimas de segundo las opciones de descarga gratuita son infinitas. Falsificaciones de libros que no aportan beneficios a las editoriales y distribuidoras, mucho menos a los propios autores. Muchas veces, incluso, en las redes sociales se comparten versiones no oficiales de los libros mencionando a sus escritores, recordándoles una vez más que no son inmunes a la piratería.

Por desgracia, el problema no se queda aquí. No son pocos los escritores que se han quejado de personas que les escriben pidiéndoles sus libros en PDF. Autoras como Alice Kellen (El chico que dibujaba constelaciones o 13 locuras que regalarte) y Elena Montagud (Trilogía corazón o Trilogía del placer) han utilizado Twitter para exponer estos problemas. La falta de vergüenza se hace presente en estas demandas. ¿Quién tiene la cara suficiente para pedirle gratis al propio autor un libro al que ha dedicado tanto tiempo y esfuerzo? La falta de empatía es notable.

Se debe matizar que no todas las descargas gratuitas son ilegales. En España, según el Artículo 26 de la Ley de Propiedad Intelectual, “los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte”. Esto permite que podamos acceder de forma totalmente gratuita y legal a gran cantidad de obras clásicas de la literatura porque sus derechos se consideran de dominio público. Y no olvidemos las bibliotecas, esos lugares repletos de libros en los que puedes leer lo que quieras sin necesidad de alentar la piratería. Si queremos leer, siempre hay formas correctas de hacerlo.